Veo tu estampa parca
tu piel blanca y roída, por el tiempo, por el viento
jóven y viejo a destiempo, como un Dios, como un Cuervo
Tus ojos dos cuartos oscuros
albergan venenos de antaño
láudano y cicuta si se ciegan, si se encienden
Cadavéricos soldados a las armas
soy un lirio indefenso que se pierde
en la madeja despeinada, maraña de olores
de humos, de licores, dulce y rancio.
Se inundan mis narinas de terribles pensamientos
de que huyas, que te espante, que me ames, que me encante...
No reniego de tu credo
voy devota practicante, al altar de tus pasiones
al vaivén de tus temores
nos alejan nos acercan
que pesadez ultrajante el cansarme de tus besos,
por tus caprichos andantes.
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