Pensé muchas cosas mientras trataba de entender que ese ruido infernal era granizo despertándome.
La sensación apocalíptica de esa pequeña fracción de tiempo dormido puso en pánico y alerta cada sector de mi cuerpo.
Pensé en la calma que habita cuando suena tu voz; supongo que quise llevarme toda esa paz conmigo, quise guardarla rápido para poder pensar algo mas antes que el fin llegue.
Pensé que era demasiado pronto, que tenia tanto por decir y nadie a mi lado… ¿quien anotaría mis ultimas voluntades y deseos? Que injusticia un final tan poco planificado, tan desprolijo, casual y cruel.
Pensé trivialidades, muchas, no creí que tantas nadas entraran en tan poco tiempo.
Temí, temí muchísimo, las palabras no dichas, los abrazos no dados, los besos no robados…
Terminé de incorporarme, debía correr… llegué al pasillo de un salto… que curioso, me desperté totalmente en la ventana y mientras la conciencia me dejaba en evidencia con mi propia estupidez, me asombré de lo lindas que se veían las calles granizadas; y me olvidé de tu voz, de la paz, las voluntades, los deseos incumplidos, los besos y abrazos ausentes… lo lamentaré el próximo Apocalipsis.
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