El problema son los colores que toma el mundo cuando aparecés; la risa incontrolable que surca mi rostro descaradamente como intentando unir mis orejas, los tics casi maniáticos de estrujarme los labios con los dedos, el revuelo estomacal como una piedra pesada y gigantesca dentro.
Lo inentendible son tus actos; el histeriqueo constante, la unión justa de desinterés y obsesión, los pequeños juegos de indirectas.
Lo absurdo es pensarte, extrañarte. Lo inútil de crear realidades que jamás serán. Obligada por nadie construyo fantasías, castillos de cartón que se deshacen con cada lluvia de verdad.
Sos como una espina, como una molestia, uno puede hasta acostumbrarse a ella; pero sabe que estaría mejor si jamás hubiese estado, porque incluso si te deshaces del pequeño estorbo, el ardor persiste casi como indicándote un vacío.
Tal vez es karmático, tal vez hay una necesidad universal de unir a personas como yo con seres igualmente desequilibrados en sus emociones; debe ser una cuestión natural para que nos encontremos y nos aniquilemos. Así las personas normales pueden vivir en paz sus pequeñas vidas de campiña.
Tengo sueños que valen la pena, tengo ideales fuertes, valores incorrompibles, miles de reacciones que aun no se pueden predecir, diversiones espontáneas, planes a futuro; tengo cantidades incalculables de amor por dar, penas por sufrir, odios y rencores que preferiría evitar pero se que no podré…
No tengo forma de mostrártelo, no tengo armas de seducción que te funcionen, no tengo belleza externa que te obligue a descubrir mi interior, no tengo paciencia, no tengo ganas de seguir soñando en vano…
Soy mucho, no soy suficiente…
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