Ahí estaba casi elfica, con sus orejas respingadas, como alcanzando un cielo que aun le quedaba demasiado grande y lejano.
Sus pequeñas manos, con uñas comidas de un turbio periodo de adolescencia.
Dos pechos que turgían con la gracia de lo nuevo, como brotes frescos de alguna flor salvaje y despreocupada.
El pelo ensortijado terminaba de enmarcar su rostro de cuadro renacentista.
Como adornando el recinto desprendía juventud por cada poro, con un poco de envidia y seguramente, mucha nostalgia la observé por lago rato. ¿Cuándo fue que fui así?
Me estaba mirando con sus pequeños ojos marrón claro, casi sin pestañas. La piel mas blanca y desnuda…
Me regaló unos segundos de curiosidad, y aunque yo se los regalé todos, ya no voltearía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario